
EN MARCHA
Esa mañana habíamos quedado en Denia para salir en coche y dirigirnos hacia la cabaña forestal que daba inicio a la subida al Bernia. Teniamos un plano del itinerario a realizar y además en el grupo venía gente que ya había realizado esta excursión algunos años atras. Todos ibamos tranquilos y contentos, confiados en que la marcha iba a ser de lo más. A la llegada coincidimos en un grupo de gente que por sus maneras iban a realizar escalada. Al adelantarnos les preguntamos si ibamos en la dirección correcta y nos respondieron que si.
Empieza la subida, todo va bien, después de casi una hora parece que el itinerario se va complicando, en vez de un camino se convierte en una estrecha senda entre las rocas. A medida que ascendemos, son rocas lo único que divisamos.
Antes de llegar a esta situación, ya había alguien que por el calor o por la necesidad de comer, había sentido mareos, pero la marcha prosiguey llegados a este punto del ascenso, vienen los problemas. Fanny, que realiza esta excursión después de muchos años sin haber hecho ninguna caminata, empieza a sentir pánico, tiene miedo a que se haya terminado el camino y tengamos que escalar. Se siente engañada y empieza a ponerse istérica. Los demás nos ponemos muy nerviosos. Ante nosotros sólo vemos a los escaladores que van a iniciar el ascenso. Para nosotros el camino se ha perdido entre las rocas y el agujero por el que tenemos que cruzar al otro lado de la montaña, aún no lo hemos visto. Unos empiezan a dirigirse al panel de información que se vé delante de los escaladores, otros se dirigen a los escaladores para preguntar y los demás intentamos calmar a Fanny.
Los escaladores se ríen de la situación, cómo el miedo hace que las personas no vean más allá. Estabamos ante el agujero, pero como no sabíamos el tamaño, no lo veíamos. Ni siquiera las que ya habían estado anteriormente en el sitio nos sirvieron de gran ayuda. Yo imaginaba cómo un túnel, pero no pensaba que fuera un pequeño pasadizo por el que teniamos que caminar agachados.
Después de cruzar la montaña, vimos un maravilloso paisaje, contemplamos, por una parte la zona maritíma de Dénia, Benidorm... y por la otra veimos todo el valle y las montañas de alrededor. Había valido la pena. En este punto paramos y almorzamos. Había que cargar las pilas y descargar las tensiones acumuladas.
A partir de aquí, las condiciones del itinerario mejoraron pero ya no conseguimos que Fanny se sintiera segura y tuvo que ir ayudada por un compañero durante todo el trayecto. Hicimos varias paradas para esperarlos y eso alargo mucho la excursión. Lo que estaba previsto realizar en tres horas, se alargo casi hasta cinco.
Es curioso como cada uno vive las cosas de una manera. Mientras Fanny creo un ambiente de desconfianza y nerviosismo para la excursión, Laura otra de las acompañantes, que se sentia relajada y animada, se dedicó a observar las diferentes plantas, flores y alguna que otra pequeña cueva que salió al paso. Se la observaba contenta y feliz.
Esto me hizo reflexionar en cómo las personas vivimos una misma experiencia de tan distinta manera. Si le pidieramos a Laura o a Fanny que relataran su aventura, seguramente parecería que hablamos de distintos viajes.
Una cosa si que me quedo clara, es muy importante que cuando vayamos a realizar una excursión hay que tener una buena información de todo: lugar al que vamos, duración, que ropa conviene más, y con quién nos vamos. Tenemos que saber bien la disponibilidad de cada uno para realizar la excursión. No podemos realizar una salida a la montaña pensando que nos vamos de paseo. Porqué una idea equivocada o una mala interpretación del viaje puede hacer que surjan muchas dificultades y no se trata de eso. Salimos para pasarlo bien, disfrutar del entorno y de la compañía. Espero que hayamos aprendido algo de esta vivencia.